Kintsugi Pillow

Pieza textil nacida de una acción colectiva: una performance donde cortar y coser se convierten en acto ritual, político y poético. Con la ayuda del público, las banderas de Palestina e Israel son unidas —y vueltas a sesgar—, generando un damero de fragmentos que, cosidos con un festón de hilo de oro, como en la técnica japonesa del kintsugi, aspira a hacer visible una posibilidad: la reparación, no como borrado del conflicto, sino como memoria suturada.
En la tradición del kintsugi, las fracturas de los objetos no se ocultan: se resaltan con oro. Aquí, este principio se traslada a una geopolítica herida. Las costuras visibles entre los colores y signos de dos pueblos enfrentados remiten tanto a las cicatrices de la historia como a la aspiración de reconfigurar lo roto.
La funda del cojín resultante no es solo un objeto: es un símbolo. Su interior está relleno de plumas, emblema de todas las mentiras que se han dicho sobre este conflicto. Como en la parábola popular que dice que cuando una pluma —o una mentira— se escapa, ya no puede recuperarse, las verdades deformadas se expanden sin control. El cojín se convierte así en contenedor frágil de lo inabarcable, cápsula de lo que no puede volver atrás.
Puede invitar al reposo tras la lucha —como si ofreciera tregua—, pero no esconde la tensión interna de su construcción ni el rastro de una violencia ritualizada que, como en las luchas de almohadas de la infancia, se disfraza de juego.
Kintsugi Pillow nos habla de la posibilidad de curar sin borrar, de sostener la contradicción sin cerrarla. Es una invitación a observar lo roto sin apartar la mirada, a imaginar una reconciliación que no silencia, sino que visibiliza. Una tregua frágil, cosida con oro.

Kintsugi Pillow
Funda de cojín de patchwork de raso, confeccionada con fragmentos de las
banderas de Palestina e Israel, cosidas con hilo de oro y rellena de plumas.
Resultado de la vídeo-performance Kintsugi.
Dimensiones 110 x 80 cm
2025