Taula parada

Parte de un gesto cotidiano y profundamente cultural: sentarse a la mesa. Pero aquí la mesa no funciona como lugar de encuentro, sino como una superficie de acumulación simbólica, representación y desaparición. La acción de servir deja de estar vinculada al alimento para convertirse en una operación de lenguaje, memoria e identidad. La pieza utiliza referencias a la tradición gastronómica catalana no desde la nostalgia ni desde la celebración costumbrista, sino como estructuras culturales capaces de contener violencia, deseo, herencia y representación del cuerpo. Los platos dejan de funcionar como objetos domésticos y se convierten en soportes en los que el cuerpo aparece fragmentado, consumido y transformado en imagen. La acción de alimentarse de uno mismo introduce una tensión entre autosuficiencia y desgaste, entre identidad y consumo. El cuerpo ya no es únicamente quien come: es también lo que se ofrece, se representa y se incorpora al ritual colectivo. En este sentido, TAULA PARADA plantea una reflexión sobre las formas contemporáneas de exposición del yo y sobre cómo la cultura visual convierte la experiencia íntima en una superficie consumible. La superposición progresiva de los platos activa una lógica de ocultación en la que cada nueva imagen cubre la anterior. La acumulación no produce abundancia, sino desaparición. Lo visible se impone sobre lo que había antes mientras el resto queda enterrado bajo la estructura. La pieza trabaja así la relación entre archivo, jerarquía visual y memoria cultural: lo que permanece visible determina lo que puede ser recordado. La presencia del texto y del lenguaje performativo desplaza constantemente la obra entre acción, objeto y representación. Nombrar equivale a activar. Mostrar equivale a transformar. La obra no propone una narración cerrada sino un sistema de capas en el que cuerpo, tradición, imagen y oralidad conviven en un estado de inestabilidad permanente. TAULA PARADA entiende la mesa como un escenario afectivo y de construcción simbólica; un lugar en el que los cuerpos son organizados, representados y consumidos. Entre ceremonia doméstica y dispositivo performativo, la pieza convierte el acto de servir en una coreografía de acumulación, desaparición y permanencia.

TAULA PARADA
Dimensiones variables, en función de la mesa utilitzada.
Materiales: quatro platos de porcelana de 25 cm de
diámetro, esmaltados en blanco a los que se han aplicado
las serigrafías vitrificables creadas a partir de las
cuatro imatges de la foto performance Taula
parada: Pica-pica, Cap i pota, Tall rodó i Postres de
músic.
 Una mesa redonda, un mantel negro, un
pañuelo fardero un iPad con el vídeo TAULA PARADA.
Los caligramas Menú degustació y Pila de plats, emmarcados en un mismo marco, uno por el verso y el otro por reverso.
2026

PICA-PICA
Dimensiones 25 cm de diámetro
Materiales: Porcelana i esmalte cerámico negro
Tècnica: Serigrafía sobre porcelana blanca esmaltada
2026

CAP I POTA
Dimensiones 25 cm de diámetro
Materiales: Porcelana i esmalte cerámico negro
Tècnica: Serigrafía sobre porcelana blanca esmaltada
2026

TALL RODÓ
Dimensiones 25 cm de diámetro
Materiales: Porcelana i esmalte cerámico negro
Tècnica: Serigrafía sobre porcelana blanca esmaltada
2026

POSTRES DE MÚSIC
Dimensiones 25 cm de diámetro
Materiales: Porcelana i esmalte cerámico negro
Tècnica: Serigrafía sobre porcelana blanca esmaltada
2026

MENÚ DEGUSTACIÓ
Dimensiones 30 x 40 cm 
Materiales: Impresión digital sobre papel
Edición de 10 ejemplares firmados y numerados
Año 2026

PILA DE PLATS
Dimensiones 30 x 40 cm 
Materiales: Impresión digital sobre papel
Edición de 10 ejemplares firmados y numerados
Año 2026

Esta instalación es el resultado de la acción Taula Parada en la que el performer llega con los cuatro platos apilados a la altura del pecho. Uno a uno, los deposita sobre la mesa ya dispuesta, mientras exclama los títulos de los platos: Pica-pica, Cap i pota, Tall rodó i Postres de músic. Al terminar, toma el caligrama Menú degustació, lo gira y lo recoloca mostrando el caligrama Pila de plats.

Úsame

Esta pieza escultórica invita a reconsiderar las estructuras que asumimos como inamovibles y a imaginar su desaparición como un acto necesario, casi inevitable, inscrito en su propia fragilidad. El título —ÚSAME— activa al espectador: la transformación no surge desde la distancia, sino desde el contacto. La crítica se convierte así en proceso, en desgaste, en acción directa. En este sentido, el jabón funciona como metáfora de un sistema que solo parece estable mientras no se toca.

Su materialidad, asociada a lo cotidiano y a la limpieza, subraya cómo aquello que ha sostenido el machismo puede erosionarse mediante gestos mínimos, repetidos y conscientes. Guimarães vuelve a incidir en la supuesta solidez del poder patriarcal, revelándolo como un símbolo destinado, tarde o temprano, a desaparecer. Aquí es donde la acción adquiere sentido: cada intervención señala que lo que parece estable se desgasta y se deshace al ser tocado. Es un proceso no solo posible, sino inevitable cuando el cuerpo entra en juego y la acción se vuelve herramienta crítica.

Úsame
Escultura de jabón
Dimensiones 20 x 11 x 7 cm
2025

Kintsugi Pillow

Pieza textil nacida de una acción colectiva: una performance donde cortar y coser se convierten en acto ritual, político y poético. Con la ayuda del público, las banderas de Palestina e Israel son unidas —y vueltas a sesgar—, generando un damero de fragmentos que, cosidos con un festón de hilo de oro, como en la técnica japonesa del kintsugi, aspira a hacer visible una posibilidad: la reparación, no como borrado del conflicto, sino como memoria suturada.
En la tradición del kintsugi, las fracturas de los objetos no se ocultan: se resaltan con oro. Aquí, este principio se traslada a una geopolítica herida. Las costuras visibles entre los colores y signos de dos pueblos enfrentados remiten tanto a las cicatrices de la historia como a la aspiración de reconfigurar lo roto.
La funda del cojín resultante no es solo un objeto: es un símbolo. Su interior está relleno de plumas, emblema de todas las mentiras que se han dicho sobre este conflicto. Como en la parábola popular que dice que cuando una pluma —o una mentira— se escapa, ya no puede recuperarse, las verdades deformadas se expanden sin control. El cojín se convierte así en contenedor frágil de lo inabarcable, cápsula de lo que no puede volver atrás.
Puede invitar al reposo tras la lucha —como si ofreciera tregua—, pero no esconde la tensión interna de su construcción ni el rastro de una violencia ritualizada que, como en las luchas de almohadas de la infancia, se disfraza de juego.
Kintsugi Pillow nos habla de la posibilidad de curar sin borrar, de sostener la contradicción sin cerrarla. Es una invitación a observar lo roto sin apartar la mirada, a imaginar una reconciliación que no silencia, sino que visibiliza. Una tregua frágil, cosida con oro.

Kintsugi Pillow
Funda de cojín de patchwork de raso, confeccionada con fragmentos de las
banderas de Palestina e Israel, cosidas con hilo de oro y rellena de plumas.
Resultado de la vídeo-performance Kintsugi.
Dimensiones 110 x 80 cm
2025

Black hole

Una cartografía invertida, cóncava, oscura y silenciosa. Un mapa de España de gres negro bruñido se hunde hacia su centro —Madrid— donde un desagüe
metálico, destapado, apunta a un destino común: la fuga, el vaciado, el
arrastre. Desde el techo cuelga el tapón, encadenado, sin ejercer su función.
No es contención ni promesa: es un gesto suspendido, deliberadamente
postergado. La escultura opera así como un artefacto visual cargado de
resonancias políticas, territoriales y filosóficas.
A medio camino entre jofaina ritual y sumidero nacional, la pieza ofrece una
crítica aguda al proyecto de unidad territorial español —y, por extensión, a
cualquier modelo estatal que convierta la cohesión en mecanismo de control—.
Este mapa, vuelto recipiente, no recoge agua, sino ideología. Su forma
cóncava sugiere un territorio que se rinde al agotamiento: un ciclo de
centralización que no redistribuye, sino que absorbe. El centro ya no es
equilibrio, sino punto de fuga.
Ese núcleo impuesto se revela como un dispositivo de extracción. El desagüe
simboliza una forma de poder que succiona sin retorno: que concentra, vacía, consume. Una imagen contundente del presente político: se exige cohesión, pero se niega la participación; se invoca la unidad, pero se teme la disensión.
Desde una perspectiva decolonial y rizomática, el territorio no es plano ni
pacífico: es sensible, plural, conflictivo. No se traza desde el centro, sino desde los bordes. Siguiendo a Judith Butler, podría decirse que esta escultura subvierte el “marco regulador” del Estado-nación: lo curva, lo transforma en cuenco, en posibilidad de derrame.
Al convertir el mapa en una jofaina —objeto humilde, doméstico, que recoge restos y permite el aseo—, la obra rompe con la monumentalidad del nacionalismo clásico. El gres negro, táctil y telúrico, ancla la pieza en la tierra, pero no para celebrarla, sino para mostrar su fragilidad. En tiempos en que el discurso ultraconservador se intensifica en España, en Europa, en el mundo, el centro se transforma en sumidero. La libertad se escurre por el desagüe, mientras la estética de la unidad permanece pulida, bruñida e intacta. La escultura no propone soluciones, pero sí una advertencia clara: toda estructura que vacía los márgenes en nombre de la unidad cava, sin saberlo, su propia desaparición.

BLACK HOLE
Gres negro bruñido, desagüe metálico, tapón de goma y cadena
Dimensiones variables
2024

EASY IRON, Action painting

“La historia de la pintura es también la historia de quién tiene permiso para
dejar huella sobre el mundo.
”
— Adaptación libre de Griselda Pollock


Una intervención mínima y al mismo tiempo devastadora sobre un objeto
cotidiano: una camisa blanca colgada de una percha de acero inoxidable,
marcada a la altura del corazón por una quemadura de plancha. Esta obra,
fruto de una acción performativa, reconfigura el concepto mismo de pintura
como rastro, como inscripción de un gesto humano sobre una superficie,
desbordando los marcos disciplinares tradicionales para abrir una crítica afilada hacia las estructuras de poder que configuran lo doméstico, lo amoroso y lo artístico.
El título, una combinación entre la inscripción interna de la prenda —Easy Iron (fácil de planchar)— y una alusión directa al Action Painting de Jackson Pollock, funciona como una estrategia doblemente irónica. Por un lado, remite a la supuesta facilidad que la tecnología moderna ofrece al trabajo doméstico, encubriendo la persistencia de una división sexual del trabajo profundamente enraizada. Por otro, reescribe la historia canónica del expresionismo abstracto —y con ello, de la masculinidad autoritaria que lo representaba— desde una óptica crítica y decolonial. Si Pollock «pintaba con el cuerpo», Guimarães quema con el símbolo: un electrodoméstico convertido en instrumento de inscripción conceptual, política y afectiva.
La marca de la plancha no es solo una huella térmica sobre la tela: es una
señal del cuerpo ausente, una quemadura en el lugar exacto donde el
imaginario romántico sitúa el corazón, ese órgano tantas veces
instrumentalizado por el patriarcado como dispositivo de entrega, sacrificio y pertenencia. En este sentido, la obra se enmarca en una crítica profunda al
amor romántico como ideología: una forma de regulación emocional y simbólica que ha operado históricamente como vector de manipulación, sumisión y violencia contra las mujeres.
Con una formalización que retoma tanto la poética material del arte povera
como de los dispositivos del arte conceptual, una camisa de vestir, una pieza de ropa masculina que, sin embargo, porta los códigos del daño inscrito en las memorias corporales que la feminización del trabajo doméstico y los cuidados ha producido históricamente. La quemadura no solo remite a la violencia invisible de lo cotidiano, sino que también subvierte la función decorativa de la pintura. Aquí, el “gesto” pictórico no busca la expresión subjetiva del yo, sino la denuncia de una estructura colectiva. La obra se vuelve así política, no por su temática, sino por su forma de producción y su modo de inscribirse en la tradición del arte.
Desde una perspectiva feminista, la obra puede leerse como una forma de «arqueología del presente» (Donna Haraway), en la que objetos banales —una camisa y una plancha— revelan las tecnologías de género que conforman nuestras formas de vida. EASY IRON, ACTION PAINTING se convierte así en un espacio de fricción entre lo íntimo y lo estructural, entre lo mínimo y lo monumental, entre la estética y la ética.
En tiempos donde el gesto artístico tiende a diluirse en lo espectacular, esta
pintura nos recuerda que la acción más radical puede ser aquella que, como un hierro caliente, deja marca allí donde parecía solo haber rutina.

EASY IRON, Action painting
Técnica mixta sobre camisa de algodón y percha de acero inoxidable.
Resultado de la performance IRON MAN realizada el 7 de marzo de 2025
81 x 62 cm
2025

No return

Esta pieza fue realizada para la performance NO RETURN realizada en Santiago de Compostela durante la celebración del I congreso de Arte de Acción: Fugas e
interferencias
.

NO RETURN
Escultura
Libros EL CAPITAL de Karl Marx y LA RIQUEZA DE LAS NACIONES de Adam
Smith, cuero, acero, metacrilato y nylon
Pieza fue realizada para la performance NO RETURN en Santiago de Compostela
(40×30 cm)
2016

Heart

HEART
Escultura
Cristal y acero
(60x50x20 cm)
2015

Cross

CROSS
Escultura colgante
Cristal, acero y cable de acero
(75x55x10 cm) medidas del cable variables.
2018